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martes, 22 de mayo de 2018

“No es pecado criticar al Papa aquí” dijo Francisco a los obispos italianos

(ZENIT – 22 mayo 2018).- En su discurso, Francisco animó a los obispos italianos a que le dirigieran “preguntas, ansiedades y críticas”, advirtiendo de que “no es pecado criticar al Papa aquí”, refiriéndose a la asamblea.

El Papa inauguró ayer, 21 de mayo de 2018, la primera jornada de la 71ª Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), que tienen lugar en el Vaticano a partir de hoy hasta el 24 de mayo y cuyo tema es “Qué presencia eclesial en el contexto comunicativo actual”.

“Os doy las gracias por este encuentro, que me gustaría que fuera un tiempo de diálogo y reflexión”, –aclaró el Obispo de Roma–.

Coincidiendo con la primera fiesta de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, el Papa compartió con los prelados 3 preocupaciones, que quiso anunciarles no para “apalearos” –dijo Francisco–, sino “para decir que me preocupan estas cosas”.

Así, el Sumo Pontífice indicó que su preocupaciones son: la falta de vocaciones, la pobreza evangélica y la transparencia de los obispos, y la reducción y agrupamiento de las diócesis.

A continuación, ofrecemos el discurso que el Pontífice ofreció después de la oración inicial y el saludo a la Asamblea.

***

Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos, ¡buenas tardes!

Bienvenidos al Vaticano. Pero creo que esta sala [la del Sínodo] está en el Vaticano solo cuando está el Papa, porque está en territorio italiano. También el Aula Pablo VI … Dicen que es así, ¿no es verdad?
Muchas gracias por vuestra presencia para inaugurar esta jornada de María Madre de la Iglesia. Decimos de todo corazón, todos juntos: “Monstra te esse matrem“. Siempre: “Monstra te esse matrem“. Es la oración: “Haznos sentir que eres la madre”, que no estamos solos, que nos acompañas como madre. Es la maternidad de la Iglesia, de la Santa Madre Iglesia Jerárquica, que está reunida aquí … Pero que sea  madre. “Santa Madre Iglesia Jerárquica “, así le gustaba decir a San Ignacio [de Loyola]. Que María, nuestra Madre, nos ayude para que la Iglesia sea madre. Y, siguiendo la inspiración de los padres, que nuestra alma también sea madre. Las tres mujeres: María, la Iglesia y nuestra alma. Las tres madres. Que la Iglesia sea Madre, que nuestra alma sea Madre.

Os doy las gracias por este encuentro, que me gustaría que fuera un tiempo de diálogo y reflexión. Pensé, después de agradeceros todo el trabajo que hacéis,- ¡es bastante! -, compartir con vosotros tres preocupaciones mías, pero no para “apalearos”, no, sino para decir que me preocupan estas cosas, y veréis… Y para daros la palabra para que me dirijáis todas las preguntas, las ansiedades, las críticas – ¡no es pecado criticar al Papa aquí!- No es un pecado, se puede hacer, y las inspiraciones que lleváis en el corazón.

Lo primero que me preocupa es la crisis de las vocaciones. ¡Es nuestra paternidad la que está en juego! De esta preocupación, efectivamente, de esta hemorragia de vocaciones, hablé durante la Plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, explicando que es el fruto envenenado de la cultura de lo provisional, del relativismo y de la dictadura del dinero, que aleja a los jóvenes de la vida consagrada; acompañada, sin duda, por la trágica disminución de los nacimientos, este “invierno demográfico”, así como de los escándalos y del testimonio tibio. ¿Cuántos seminarios, iglesias y monasterios y conventos se cerrarán en los próximos años debido a la falta de vocaciones? Dios sabe. Es triste ver esta tierra, que ha sido durante muchos siglos fértil y generosa para dar misioneros, monjas, sacerdotes llenos de celo apostólico, junto con el viejo continente entrar en una esterilidad vocacional sin buscar remedios efectivos. ¡Yo creo que se buscan, pero no logramos encontrarlos!

Propongo una más concreta – porque debemos comenzar con cosas prácticas, las que están en nuestras manos -, propongo un intercambio fidei donum más concreto y generoso entre las diócesis italianas, que sin duda enriquecerá a todas las diócesis, las que dan y las que reciben, fortaleciendo el sensus ecclesiae y el sensus fidei en los corazones del clero y de los fieles. Ya veréis, si podéis … Hacer un intercambio de [sacerdotes] fidei donum de una diócesis a otra. Pienso en algunas diócesis de Piamonte: hay una gran aridez … Y pienso en Puglia, donde hay una superabundancia … Pensad, una bella creatividad: un sistema fidei donum dentro de Italia. Alguien sonríe … Pero veamos si sois capaces de hacerlo.

Segunda preocupación: pobreza evangélica y transparencia. Para mí, siempre, -porque lo aprendí como jesuita en la constitución-, la pobreza es “madre” y es “muro” de la vida apostólica. Es madre porque la hace nacer  y muro porque la protege. Sin pobreza no hay celo apostólico, no hay vida de servicio a los demás … Es una preocupación que se refiere al dinero y a la transparencia. En realidad, el  que cree no puede hablar de pobreza y vivir como un faraón. A veces se ven estas cosas … Es un contra- testimonio hablar de pobreza y llevar una vida de lujo; y es muy escandaloso tratar el dinero sin transparencia o administrar los bienes de la Iglesia como si fueran bienes personales. Conocéis los escándalos financieros que han tenido lugar en algunas diócesis … Por favor, me duele mucho escuchar que un eclesiástico se ha hecho manipular poniéndose en situaciones que exceden sus capacidades o lo que es peor, administrando de forma deshonesta “las monedas de la viuda”. Tenemos el deber de administrar con reglas ejemplares, claras y comunes, de las que un día daremos cuenta al dueño del viñedo. Pienso en uno de vosotros, por ejemplo, -lo conozco muy bien-, que nunca, nunca invita a cenar o a almorzar con el dinero de la diócesis: paga de su bolsillo, de lo contrario, no invita. Pequeños gestos, como un propósito hecho en los ejercicios espirituales. Tenemos el deber de administrar con reglas ejemplares, claras y comunes, de las que un día daremos cuenta al dueño del viñedo.. Soy consciente, -quiero decirlo-  y estoy agradecido de que en la CEI se haya logrado mucho en los últimos años, sobre todo, en el camino de la pobreza y de la transparencia. Un buen trabajo de transparencia. Pero hay que hacer todavía algo más sobre algunas cosas, pero luego hablaré de eso.

Y la tercera preocupación es la reducción y la unificación de las diócesis. No es fácil, porque, especialmente en este momento … El año pasado estábamos a punto de unificar una, pero los de allí vinieron y dijeron: “La diócesis es pequeña … Padre, ¿por qué hace esto? La universidad se ha ido; han cerrado una escuela; ya no hay alcalde, hay un delegado; y ahora también vosotros … “. Y uno siente este dolor y dice: “Que el obispo se quede, porque sufren”. Pero creo que hay diócesis que pueden unificarse. Ya planteé esta cuestión el 23 de mayo de 2013, o sea la reducción de las diócesis italianas. Se trata, ciertamente, de una necesidad pastoral, estudiada y examinada varias veces, -ya lo sabéis-  incluso antes del Concordato de 1929. De hecho, Pablo VI en  1964, interviniendo el 14 de abril en la Asamblea de Obispos, habló de “un número excesivo de diócesis”; y más tarde, el 23 de junio, 1966, planteó de nuevo el tema en su encuentro con la Asamblea de la CEI diciendo: “Por lo tanto será necesario ajustar los límites de algunas diócesis, pero más que nada habrá que proceder a la fusión de algunas diócesis, de modo que la circunscripción resultante tenga una extensión territorial, una consistencia demográfica, una dotación de clero y de obras adecuadas para sostener  una organización diocesana verdaderamente funcional y desarrollar una actividad pastoral eficaz y unitaria “. Hasta aquí Pablo VI. También la Congregación para los Obispos en 2016 – pero yo hablé en 2013- pidió a las conferencias episcopales regionales que enviasen sus pareceres a la Secretaría General de la CEI acerca de un proyecto de reorganización de las diócesis.Así que estamos hablando de un tema pasado y actual, que se ha arrastrado demasiado tiempo, y creo que haya llegado la hora de concluir pronto. Es fácil hacerlo, es fácil… Tal vez haya un caso o dos que no se puedan hacer ahora por lo que dije antes, -porque es una tierra abandonada-, pero se puede hacer algo.

Estas son las tres preocupaciones mías que quería compartir con vosotros como puntos de reflexión. Ahora os dejo la palabra y os agradezco la parresía. Muchas gracias.

© Librería Editorial Vaticano

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