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lunes, 4 de junio de 2018

La ordenación está reservada a los hombres: la aclaración del prefecto de la Doctrina de la Fe

(ZENIT -4 junio 2018).-“La característica definitiva de la doctrina de Ordinatio Sacerdotalis” es el título de la tribuna del cardenal designado Luis Ladaria Ferrer, en L’Osservatore Romano en italiano con fecha del 30 de mayo de 2018. El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe disipa “algunas dudas” con una aclaración: la Iglesia “no posee la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal”, es una “decisión del Señor” que no incluye “ninguna subordinación” de la mujer al hombre, precisa.

En esta tribuna, el prefecto recuerda que “los sacerdotes están configurados” a Cristo el sacerdote, para poder actuar en el nombre de Cristo, cabeza de la Iglesia “(Presbyterorum ordinis, n.2)”: ” Cristo quiso conferir este sacramento a los doce apóstoles, todos hombres que, a su vez, lo comunicaron a otros hombres. La Iglesia siempre se ha reconocido ligada a esta decisión del Señor, que excluye que el sacerdocio ministerial se otorgue válidamente a las mujeres”, dice. Y cita la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis (22 de mayo 1994) de Juan Pablo II: “a fin de eliminar cualquier duda sobre una cuestión de gran importancia … la Iglesia no tiene de ninguna manera la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal y… esta sentencia debe ser mantenida definitivamente por todos los fieles de la Iglesia “(n.4). Es “una verdad que pertenece al depósito de la fe”.

Seria preocupación

El cardenal designado, que será creado cardenal por el Papa Francisco el 28 de junio, expresa su “seria preocupación de ver surgir todavía en algunos países voces que ponen en duda el carácter definitivo de esta doctrina”: “se argumenta que no se ha definido ex cathedra y que, por lo tanto, una decisión posterior de un futuro papa o consejo podría derrocarlo. Sembrando estas dudas, creamos una seria confusión entre los fieles, no solo sobre el Sacramento del orden como haciendo parte de la constitución divina de la Iglesia, sino también sobre el magisterio ordinario que puede enseñar la doctrina católica de manera infalible”.

El prefecto por lo tanto recuerda que “la Iglesia reconoce que la imposibilidad de ordenar a las mujeres pertenece a la ‘sustancia del Sacramento’ del orden. La Iglesia no tiene la capacidad de cambiar esta sustancia, porque es precisamente a partir de los sacramentos instituidos por Cristo que se genera como Iglesia. No se trata solo de un elemento disciplinario, sino doctrinal, en lo que concierne a la estructura de los sacramentos … Consciente de no poder modificar, mediante la obediencia al Señor, esta tradición, la Iglesia todavía está tratando de profundizar su significado, ya que la voluntad de Jesucristo, que es el Logos, nunca es insignificante. El sacerdote, de hecho, actúa en la persona de Cristo, esposo de la Iglesia, y el hecho de que él es un hombre es un elemento indispensable de esta representación sacramental”.

Hizo hincapié en que “la diferencia en la función entre el hombre y la mujer no supone en si ninguna subordinación, sino un enriquecimiento mutuo”, invitando a “profundizar y (a) promover cada vez más en el papel específico de la mujer en la Iglesia” para “Arrojar luz sobre nuestra cultura, que lucha por comprender el significado y la bondad de la diferencia entre el hombre y la mujer, lo que también afecta su misión complementaria en la sociedad”.

Continuidad del magisterio

Para el cardenal designado Ladaria, “las dudas sobre el carácter definitivo de la Ordinatio Sacerdotalis tienen  graves consecuencias sobre la manera de entender el magisterio de la Iglesia”. “Es importante repetir que la infalibilidad no concierne solo a las declaraciones solemnes de un concilio o de un Soberano pontífice cuando habla ex cathedra, sino también la enseñanza ordinaria y universal de los obispos dispersos por todo el mundo, cuando proponen en comunión entre ellos y con el Papa, la doctrina católica a considerar como definitiva”.

En Ordinatio sacerdotalis, Juan Pablo II “no declaró un nuevo dogma sino que, con la autoridad que se le confirió como sucesor de Pedro, lo confirmó formalmente y lo explicitó, para eliminar toda duda lo que el magisterio ordinario y universal ha considerado a lo largo de la historia de la Iglesia como perteneciente al depósito de la fe”. Además, “examinó la cuestión en la consulta previa que quería tener en Roma con los presidentes de las conferencias episcopales” y “todos, sin excepción, declararon con total convicción, por la obediencia de la Iglesia” al Señor, que ella no posee la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal”.

El prefecto subraya la continuidad del Magisterio con los sucesores del papa polaco, “Benedicto XVI también hizo hincapié en esta enseñanza, recordando, en la misa crismal del 5 de abril de 2012, que Juan Pablo II,” declaró de manera irrevocable “que la Iglesia, en cuanto a la ordenación de las mujeres, “no tiene ninguna autorización por parte del Señor”. Y en su exhortación apostólica Evangelii gaudium, ha reafirmado que “el sacerdocio reservado a los hombres como signo de Cristo esposo que se entrega en la Eucaristía” no se pone en discusión, e invitó a no interpretar esta doctrina como una expresión de poder, sino de un servicio. En la rueda de prensa, durante el vuelo de regreso del viaje apostólico a Suecia, el 1 de noviembre de 2016, el Papa Francisco dijo de nuevo: “Sobre la ordenación de las mujeres en la Iglesia Católica, la última palabra clara fue dada por San Juan Pablo II, y esto permanece”

© Traducción ZENIT, Raquel Anillo

 

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